domingo, 6 de abril de 2014

Triunfo de la muerte

El intruso



Yo querría ser como Il Vate
Gabriele D´Annunzio (1863-1938) es un protofascista italiano. Probablemente EL protofascista italiano. De cuando aquello -según mi muy personal visión del asunto- era más una aventura cultural, un código caballeresco según el cual los últimos románticos podían regir su vida, que un estructurado movimiento político-social con consecuencias concretas.

El autor, decíamos, probablemente responde como ningún otro a esta idea: dandy (ese bigotito, esas levitas, esa colección de amantes...) melómano, héroe de la WWI (piloto voluntario, por supuesto), político, literato... y golpista-poeta: el experimento y curiosidad histórica de Fiume fue principalmente obra suya, como lo fue su Constitución, en la que designaba la música como principio fundamental del nuevo Estado.


La intrusión


Languidez, decadentismo, morbidez, muy escasa acción exterior y repetitiva acción interior, que conduce a Giorgio Aurispa, a través de un mecanismo mental funesto alimentado por su hipersensibilidad y por un cierto determinismo genético o cuando menos espiritual, a buscar la muerte como medio de sublimar su relación amorosa con Hippolita Sanzio, de disfrutar al fin de la -por otro medio inaprehensible- quietud espiritual en el disfrute de la verdadera belleza (belleza que Henry James consideraba leitmotiv único de toda la obra del autor).
Esta edición contiene, en sus 
páginas finales, una selección 
de citas del autor, extraídas
de sus notas personales.

Todo el libro es el -muy lento- recorrido de la idea de la Muerte, nacida en la mente de Giorgio, a la acción decisiva por su mano. 

Esta profusión de lo introspectivo, esquisitamente sensible, nos hizo albergar muy intensas esperanzas de encontrarnos con una obra top ten por su conocimiento del alma humana, por su tratamiento de las contradicciones y torturas internas que conllevan ciertas relaciones amorosas. Defrauda, sin embargo, porque ni da todo lo que promete (sin dejar de ser una curiosidad bellamente narrada y un gran exponente del spleen de su creador) ni entrega lo que da en un número adecuadamente corto de páginas.

En cuanto a la pura acción: Encuentros en la Roma de donde ambos proceden, tras nacer casualmente su romance (él, patricio de familia venida a menos; ella, bella joven casada con un infeliz que ha permitido sin embargo, a ella y su familia, ingresar en la clase media-alta). Relación marcadamente carnal; él echa en falta un más elevado espíritu (una más noble cuna) en ella. Breves escapadas románticas en las que la esperanza de la relación perfecta se aviva. Finalmente, las expectativas de él en cuanto a un disfrute ideal del amor se ven defraudadas cuando llevan a cabo su proyecto y (tras el breve paso de él por la casa materna, donde constata el abandono al que su padre, derrochador y adúltero, tiene sometida a la familia y de donde "huye" porque su pusilanimidad le impide tomar las riendas) consiguen compartir los meses de verano en un paraje rural a orillas del Adriático. Ante este fracaso, crece dentro de él la animadversión por su compañera, muy verosímilmente narrada a través de "pequeños detalles cotidianos" en cuyo trazo el autor es maestro.

Al final, por supuesto, sólo existe en la mente de Giorgio un desenlace posible, un único modo aceptable de poner fin a la mediocridad que, por medio de la trampa en que inconscientemente ella le tiene atrapado, ha acabado por apoderarse de él.


Fue una lucha breve y feroz, como si se tratase de enemigos implacables que hubieran alimentado hasta esa hora, en lo más profundo de sus almas, un odio supremo.

Y enlazados se precipitaron hacia la muerte.


Los personajes se encuentran con numerosos cadáveres a lo largo de la obra, en cada uno de los cuales -estoy seguro- el autor encierra mensajes metafóricos no descifrados por mí y que, en definitiva, sirven de desencadenante a los cada vez más frecuentes e intensos devaneos de Giorgio con la idea de la muerte, bien sea la suya propia (su tío Demetrio, Pigmalión y sosias, ya le dejó marcado el camino del suicidio), bien de La Enemiga. O, idealmente, de ambos.