El intruso
Del compositor de “Música para Camaleones”
(que espera turno en mi estantería, en primorosa compañía) había leído
únicamente su “Desayuno con Diamantes”, que es infinitamente mejor, más íntimo
–más íntimamente explícito-, que la película que llenó de Audreys las tiendas
de pósters del mundo.
En mi representación mental de aquella historia, eso sí, la imagen física
de Holly Golightly se correspondía
con su versión cinematográfica, que por supuesto yo –con todos los demás- tenía
ya incorporada a mi imaginario antes incluso de haber visto la película.
De Truman Capote pienso lo que
todos, porque opino que en este caso el estereotipo del personaje se ajusta
seguramente a la realidad de la persona: culto, amaneradamente refinado,
chismoso, sensible, probablemente una mariquita mala y sobre todo un prosista
entretenidísimo.
Interesante, además, en cuanto a miembro de la jet-set neoyorkina y hollywoodiense de los 50-60 (LA ÉPOCA, en lo
que a yanquilandia se refiere); por lo que vivió, porque bailó con Marilyn y
bebió con Sinatra. Y, claro, porque considero que es el heredero “oficial” de
la Lost Generation (LA GENERACIÓN, en lo que a las Letras yanquis se refiere).
Además, el organizador de la Black and White Ball fue el villano de la genial "Un Cadáver a los Postres".
La intrusión
“A Sangre Fría” no está escrita a
sangre fría. Sean más o menos exactas las películas “Capote” (Bennet Miller, 2005) e “Historia de un
Crimen” (Douglas McGrath, 2006), lo
cierto es que sin duda el autor se implicó profundamente con un proyecto que a
todas luces debió de resultar psicológicamente devastador.
Y mucho menos podemos obviar la particular fascinación que, si atendemos a
lo que deja traslucir el libro, experimentó Capote por uno de los criminales, Perry Smith, quien según la verdad judicial y su propia confesión
fue el autor material de los cuatro asesinatos; Smith encarna un tipo humano
sin duda singular: mestizo hijo de escocés (o irlandés, no recuerdo) e india
americana, de infancia violenta y falta de cariño, no exento de sensibilidad e
inteligencia y con unos mecanismos mentales verdaderamente interesantes que lo
hacen capaz, pese a todo, de asesinar conscientemente, con discernimiento.
“Claro que
la imaginación siempre puede abrir la puerta que sea: dar la vuelta a la llave
y dejar paso al terror”.
Años de investigación sobre el terreno y de entrevistas personales con los
principales implicados vivos en el crimen y la posterior investigación y
proceso judicial (asesinos incluidos) se traducen en una minuciosa
reconstrucción de los hechos que, habiendo sucedido realmente, nos son narrados utilizando los ritmos, técnicas
y recursos propios de la novelística: la piedra fundacional de la non-fiction novel, la narrativa
periodística. Desasosegante y absolutamente entretenida. Si a un niño se le
introduce en la lectura con “Matilda”, Julio
Verne, Salgari o, -idealmente-
“La Isla del Tesoro”, en este momento no se me ocurre mejor “gancho” para los
potenciales lectores preadolescentes que “A Sangre Fría”.
A propósito: desconozco si “El Combate” de Norman Mailer puede ser encuadrada canónicamente dentro de la non-fiction novel, pero a mí me parece otra gran catedral del género.



