sábado, 24 de mayo de 2014

La Conjura de los Necios

El intruso


John Kennedy Toole se suicidó siendo muy joven, y antes de que el éxito editorial (o de cualquier otro tipo, me temo) le llegara. Esto, claro, lo ha convertido en un mito Salinger-style con Pulitzer póstumo incluido.

Silvio José e Ignatius Reilly: la misma persona
Debe todo su crédito como autor (leo que sólo dejó otra novelita, escrita cuando tenía dieciséis años) a La Conjura de los Necios y, más concretamente, a ese hallazgo que es Ignatius J. Reilly.

La intrusión


Publicada porque la, al parecer, sobreprotectora madre del finado le dio la chapa al autor Walker Percy, La Conjura... es básicamente una semblanza de su protagonista, Ignatius Reilly. En la contraportada de la edición de Anagrama vienen a compararlo con un Quijote moderno; a mí se me parece más a Silvio José, el buen parásito.

Un gordo tirano de treintaipico años y aspecto absurdo, un hipocondríaco patán no exento de inteligencia, cuya particular y dogmática percepción del mundo y de la gente que le rodea es el nexo de unión de la acción de la novela, y el objeto mismo de la misma.

-...La mayoría de los necios no entienden mi visión del mundo en absoluto.

-Me lo imagino, me lo imagino.

-Sospecho que bajo tu fachada ofensiva y vulgarmente afeminada, puede haber una especie de alma. ¿Has leído suficientemente a Boecio?


Una madre perennemente alcoholizada de moscatel; el vejestorio de la amiga y casamentera de ésta, una inmigrante italiana con un sobrino que parece la mascota del cuerpo de policía de la ciudad; el propietario-heredero-playboy de una de las empresas en que trabajará Ignatius; la chantajista esposa-florero del playboy; los maricas del Barrio Francés de Nueva Orleans; la pornógrafa y propietaria de un antro de perversión; el hustler-nigga que barre el suelo... y Myrna Minkoff, la "novia" de Ignatius en la universidad, una activista amor libre de manual, cuya correspondencia con Ignatius sirve de desencadenante a cada nuevo proyecto de éste, quien desde su atalaya de superioridad moral e intelectual trama constantes escarmientos contra su amiga y anota sus planes en las libretas que alfombran el suelo de su irrespirable madriguera.

No ha sido una decepción constatar que se trata de una obra profundamente sobrevalorada.