miércoles, 17 de septiembre de 2014

Aware: Iniciación al haiku japonés

El intruso


- No soy Vicente Haya. Cuida de tu bonsai.

Vicente Haya no es otro estomagante autor occidental que explota el rollito zen y los pastiches de pseudofilosofía orientalizante para vender libros a ese facilón segmento de lectores. Con bien traída mala leche, el autor ha bautizado como "Síndrome de Benedetti" a la obsesión de algunos por llamar (y comercializar como) haiku lo que no lo es. Y él, que vive a ratos en Japón y conoce y respeta la muy particular alma y sensibilidad japonesa, sabe lo que es un haiku. E, incluso, lo que es un buen haiku.




La intrusión


Porque un verdadero haiku nace de un aware, que vendría a ser un sentimiento de fascinación que al haijin o poeta haiku le ha inspirado la contemplación de la naturaleza, y que le "obliga" a plasmar en un haiku lo percibido, todo ello huyendo de artificiales formas poéticas o recursos estilísticos, y dejando de lado al "yo", cuya presencia en el haiku casi nunca está justificada. Transmitiendo, en definitiva, la escena que ha causado su aware de la forma más llana posible y desde la perspectiva del espectador humilde. 
Las haiga son pinturas -acuarelas o tintas- que
acompañan al haiku y acostumbran a ser
tan sencillas como estos.


"Mientras me riñen

por haber cogido el girasol,

miro la flor".

(Escrito por un niño de siete años)


Éste es un libro delicioso, a medio camino entre la recopilación crítica de haikus (buenos y malos) y el manual para el aspirante a componerlos. A lo largo de 88 breves epígrafes (Heil!) se nos explican las principales características del haiku, que no se hace tanto de la ciega observancia de la métrica o -incluso- la temática como de la honestidad con que ha sido compuesto.

 






El haiku

Entre los dedos
del pie descalzo,
¡una margarita arrancada!

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